sábado, 30 de junio de 2012

Fuck

                                                                       

Despiertas como otro día cualquiera, te lavas la cara, comes algo. Te vistes rápido y si estas tocado por el dedo de la fortuna en estos días, vas al trabajo.
De no ser así, puedes pasar el rato tirado en el sofá, haciendo algo muy poco productivo, diciéndole al mundo el asco de vida que tienes, también parte del tiempo se puede implementar en criticas hacia los demás, de como llevan sus vidas.

Se acaba el tiempo en el que en casa un ser mágico cambiaba el papel higiénico. Como diría un buen amigo mio. Inexorablemente, como un pasto que se va marchitando tras el paso del Tic-Tac son los recuerdos, esos en los que ponías la radio y te tumbabas en la cama escuchando a Kurt, pensando en que querías ser de mayor.

Como una tormenta en pleno verano viene, ese instante en el que la realidad se materializa intensamente, mostrándonos como es el mundo real. La verdad es que a medida que el niño pasa a ser hombre, en ese nexo, la vida nos va dejando pequeñas pista de como serán las cosas. Para algunos muy imperceptibles, para otros extremadamente tangible.
Tarde o temprano la realidad se coloca sus Dr. Martens de punta de acero, mientras estamos en nuestro nirvana infantil, este, nos saca de el, con su golpe mas elegante sobre nuestro flamante trasero. Mandándonos alguno de nosotros por el cielo mas infernal y aterrizando en un cojín, que previamente nuestra familia a colocado. Este puede ser mullido y confortable, pero otros son de barro y rocas.

Mucha gente se suele conformar con lo básico de la vida, sin darse cuenta de lo mucho que puede perder, como una tarde calurosa, encerrado tras una puerta con la buena compañía de unas curvas, acompañado de deliciosas melodías, algo estridente y placentero. Algo de buen Rock.
Disfrutar de los últimos estragos que quedan por sufrir tras la lucha intensa de un trabajo, ya sea académico, artístico o pura supervivencia. Viendo esa luz que trae el confort y la calma, que esta al final del túnel.

Muchas veces, por no enfrentarnos a la realidad, perdemos la oportunidad de conocer aquello que en el fondo podemos llegar a ser. Lo que intento decir, con débiles palabras, es que nos obligan a ser alguien. ¿Pero ese alguien, es quien tu quieres ser?
Estudia, trabaja, ten una mujer, hijos y trabaja duro para que cuando estés decrépito y apenas puedas disfrutar de la poca vida que te queda, tengas una buena jubilación. ¿Pero eso no es mas que una mera ilusión del futuro próximo para algunos, tal y como están las cosas?
Terminar metido en un asilo, en la casa de alguno de los hijos, el cual uno de ellos posiblemente te odie. Ya que como si de una jodida norma ética y moral, le han obligado a seguir los mismos pasos que su antecesores y estos de la misma forma lo sufrieron tiempos atrás, completando el circulo vicioso.

Se que esto que cuento no es nada nuevo, no soy el descubridor de ninguna vía filosófica. Pero bajo mis ojos la gente ha olvidado ese sentimiento de superación, de buscarse a si mismo. Sin la necesidad de idolatrarse. Simplemente de disfrutar de su misma compañía, sin el menester de tener que vomitar cada vez que se mira al espejo.


Atrás quedaron los momentos en el que el sol brillaba con mas intensidad, guardados en esos recuerdos del pasado, donde el viento trae un dulce y sensacional estado de éxtasis pletórico. Arraigado en la cera, como una enorme mierda, que se ríe de nosotros al pasar a su lado, sin poder hacer nada.

Solo quedan los escombros de lo que fue una preciosa somnolencia. Pero si algo he aprendido, es que todo puede cambiar, quien sabe, puede que esos días lleguen otra vez. Mientras tanto no nos queda otra mas que esforzarnos por alcanzar esa meta, esos sueños. Terminar de construir esas obras, que nos quedan por consumar, aquí y ahora.
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